No es secreto, perdí dos hermanos y múltiples amistades, seres queridos y amados debido al SIDA. Yo, como muchas y muchos, soy veterano de la guerra contra el SIDA. Guerra que aún el día de hoy no ha terminado, pero que al igual que otras guerras de hoy en día, sigue activa, sin que los medios la cubran o la recuerden fuera de su aniversario.
Al igual que otras guerras, la Guerra contra el SIDA tuvo dos frentes. En este caso el frente científico y el frente ideológico. En el frente ideológico se tuvo que discutir y discernir todo lo que se decía sobre SIDA. La derecha religiosa estadounidense inmediatamente identificó al SIDA como un “castigo de Dios” de ese dios recreado al igual que si mismos, un dios macho, lleno de odio y venganza. El SIDA como algo para “desearle” a los homosexuales, intrínseco al homosexual.
Gracias a esa visión, durante los años de los 90, el SIDA se vió por muchos y muchas como ese castigo y destino merecido. El SIDA fue justicia contra lxs homosexuales, fornicadores y usuarios de drogas intravenosas. El SIDA era el hacha justiciera que pendía sobre nuestros cuellos, merecidamente, por ser quienes eramos. El SIDA era castigo intrínseco a ser varón homosexual.
De momento en el 2012 me encuentro que en respuesta a una merecida crítica a su nuevo libro, Iván Silén le recuerda a Larry La Fountain, lo que debe hacer antes de morir de SIDA. De nuevo, el SIDA como medida justiciera para el homosexual que se salga de su sitio. Iván Silén, colonizado hasta el ñú por ese discurso de derecha religiosa estadounidense, esgrime cobardemente, el escarnio del SIDA, esa enfermedad que el ve como intrínseco destino final de todo homosexual, para atacar a su crítico.

En ese acto, devela Iván Silén su profundo odio a los homosexuales. No puede nunca Iván Silén decir que no está consciente de lo que significa para un hombre gay, que le tiren en la cara el SIDA como final certero, ineludible de su ser gay. Los hombres gay sabemos que es eso lo que muchas veces se nos desea cuando denunciamos, el machismo, la homofobia, y el sexismo. Los agentes del machismo y el patriarcado rápido nos mandan a coger SIDA. Ese es el destino y castigo merecido a los hombres gay en este mundo si no se comportan.
Silén mereces pena, no eres vanguardia, no eres terrorista discursivo, no eres intelectual, no eres nada de lo que tu fiebre imagina que eres. Eres un hombre chiquito, acomplejado, colonizado en tanto al asunto gay, por un discurso de derecha religiosa estadounidense. Discurso que ruminas, en un esfuerzo desesperado y fallido, de hacerlo tuyo, imaginando febrilmente que eso lo hace des-colonizado, de vanguardia, terrorismo discursivo, pero al final, no es nada de eso. No hay que creer en dios para ser fundamentalista. Silén es un hombre chiquito tratando de racionalizar como decirle “maricón” a sus enemigos, a sus hombres de la noche que tanto odia. No hay diferencia alguna entre Iván Silén, Carlos Sánchez, Milton Picón, Raschke, Jerry Falwell o Jesse Helms, usan al mismo discurso fundamentalista que odia a los homosexuales y que usa el SIDA como castigo a sus acciones. Todos son hombres espectacularmente chiquitos, mezquinos que se imaginan grandes, pero son solo glandes.
En este caso, el emperador, no solo no tiene ropa, tampoco tiene estatura.
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