Mis comunidades TQLGB duermen
¿Dónde está la rabia?
A los 15 o 16 años, en la Biblioteca José M. Lázaro de la Universidad de Puerto Rico, encontré el libro Gay American History, de Jonathan Ned Katz. Una de las lecturas más impactantes en mi vida. Aprendí cómo la sociedad norteamericana nos odió. Aprendí del costo de tratar de vivir una vida honesta: lobotomías (también a feministas); pérdida de hijos e hijas, desheredaciones, encarcelamientos, violencia y asesinatos, todo impune. Aprendí que la justicia, con su pronombre femenino, es siempre masculina, y se nos negaba en todos los foros; el escarnio era legal y social. Muchas veces, mientras leía, lloré. Al finalizar el libro, ya tenía una historia y un legado que consideré míos. Me hice estudioso de todo lo que fuera gay; me pareció tan natural como necesario ser un activista.
En las páginas del Advocate conocí a activistas como Harvey Milk y Sylvia Rivera, a quien conocí luego personalmente en el Audre Lorde Project, donde yo colaboraba. Activistas que tienen un legado político impecable, que hablaban del homelessness y de clase, y hablaban de inmigración; veían nuestras comunidades no como una burbuja hermética, sino como parte de un todo social. Estuve en las grandes protestas en NY cuando cayó la terrible decisión de Bowers v. Hardwick. Fui testigo de esa furia que nos arropó y nos inspiró.
Cuando en los 80 empezamos a morir, conocimos el miedo, el silencio, la solidaridad y la comunidad, pero también enfrentamos el odio que creímos se había marchado de nuestras vidas, y el desprecio, la censura, aun entre amistades y familiares. Tuvimos que reconocer a la alta jerarquía de la Iglesia católica como una enemiga mortal, junto con sus aliados políticos oportunistas, oponiéndose a la ciencia, censurando la educación y la prevención, y condenando a la abstinencia que los mismos sacerdotes, obispos y cardenales no practicaban; muchos de ellos cogían por el culo.
En los 80 necesitábamos de todo: abogados y abogadas, trabajadores sociales, profesionales que nos vieran como humanos y humanas, porque todos nos cerraban las puertas. Y a muchos nos dio rabia: entendimos que toda aquella “aceptación” y solidaridad que nos expresaban al oído, en tono bien bajito, era falsa, era cómplice del enemigo. Sentimos furia y reconocimos que estábamos solos. Sí, unas pocas personas fueron diferentes, repito pocas, muy pocas. Si algo quedó claro para todas, y todos y todes en nuestras comunidades, era que la definición de “ciudadano” no nos incluía; el gobierno nos dio la espalda. Los grupos sabíamos que no podíamos hacer nada solos, que la reacción tenía que ser comunitaria e inclusiva. El SIDA también nos confrontó con una realidad indiscutible: lesbianas, mujeres trans y travestis, que habíamos desplazado a segundo y tercer lugar los mismos hombres gay que ahora moríamos y pedíamos ayuda abandonaron el resentimiento y nos lo dieron todo.
Las reuniones de la Coalición Orgullo Arcoíris, en su principio, incluían a todas las organizaciones LGBT que conformaban la parada; no se hacían decisiones arbitrarias y las reuniones podían durar horas, pero las decisiones se hacían por consenso.
Salto al 2013, donde el Senador Ramón Luis Nieves presentó uno de los mejores y más inclusivos proyectos de ley que he leído. Y nos unimos contra PNPs y Populares, y pasamos los proyectos. Esa fue la última lucha que dimos unides.
En el 2026 ya no existe el mismo liderato; es un liderato nuevo, o arcaico, y se puede también decir que los actores sociales en las diferentes organizaciones que existen no son los mismes. A diferencia de antes, en ese nuevo liderato hay demasiados profesionales: ya tenemos médicos, doctores, profesores y periodistas que entonces no teníamos y que tanto necesitábamos. Pienso que esa profesionalización de nuestro liderato un poco nos ha separado de nuestras comunidades de base y ha cambiado las coordenadas del activismo; eso, y las políticas de la “respetabilidad” y la “ecuanimidad” (la mayoría de las veces ligadas a nociones de clase media), han desinflado al activismo contestatario y lo han sustituido por el ansia de acceso y pertenencia a la clase político-eleccionaria, actuando, erróneamente, como si políticos o partidos políticos por sí solos pudieran resolver nuestros problemas. NOS FALTA LA RABIA.
No veo rabia, veo indiferencia, veo complacencia. Con cada atropello a nuestras comunidades, al parecer, algunas organizaciones parecen estar contentas o satisfechas con que se les publique el comunicado de prensa, con estar en récord, sin dar la pelea; parece ser el modus operandi del día de hoy. Comunicados diciendo “estamos decepcionados” implican que antes ha existido algún tipo de apoyo mínimo de este gobierno MAGA en Puerto Rico. FALSO. NOS FALTA LA RABIA.
Jenniffer González, una pichona neoliberal tan narcisista y MAGA como Trump, ha acogido de inmediato todas y cada una de sus órdenes administrativas, condenando así a las comunidades trans y no binaries en Puerto Rico a la misma persecución y discriminación que en los Estados Unidos. ¿Dónde están la rabia y el coraje? No hay liderato TQLGB en PR que dé espacio a esa rabia, a ese coraje. Ni lo promueven, ni lo reconocen, ni lo reafirman, ni le dan voz. La respuesta ha sido la no-confrontación, facilitando que el gobierno que nos quita derechos y servicios ciudadanos no tenga que asumir ningún tipo de responsabilidad por sus decisiones. Repito: ¿Dónde están la fucking rabia y el coraje?
- Jenniffer González muy orgullosa firmó la ley prohibiendo que las personas trans utilizaran baños públicos de acuerdo a su identidad de género. Con multas de hasta $15,000. ¿Dónde está la rabia?
- Jenniffer González firmó una ley reseñada en USA por organizaciones LGBTQ nacionales como de las más perversas y abarcadoras en todos los Estados Unidos, prohibiendo el trato de salud y afirmación de género a menores y hasta a adultos hasta los 21 años[1]. ¿Dónde está la rabia?
- Jenniffer González, en su legislación contra comunidades trans, amenaza a doctores que les brinden servicios de afirmación de género con multas de $50,000, hasta 15 años de cárcel, y la pérdida de sus licencias y permisos.
- Jenniffer González presionó a la Universidad de Puerto Rico; eliminaron las protecciones por discriminación basadas en identidad de género. ¿Dónde está la rabia?
- La Universidad de Puerto Rico también eliminó el protocolo de “nombre preferido” para las personas trans y no binaries. ¿Dónde está la rabia?
¿Cómo es posible que todavía ninguna organización haya interrumpido alguna conferencia o evento público de Jenniffer González para gritarle, “transfóbica”, u “homofóbica”; ¡o por lo menos gritarle “cabrona”, que se lo merece? ¿Cuál va a ser el costo político de quitar derechos y servicios a una gran y significativa parte de nuestras comunidades cuando no se ha visto una reacción adecuada al daño que nos hacen?
Estoy seguro que si se hubiera propuesto la eliminación del matrimonio gay y lésbico, ya de seguro varias organizaciones hubieran cerrado el Túnel de Minillas o se hubieran amarrado del portón de Fortaleza. Pero la salud de jóvenes trans y no binaries, al parecer, no indigna tanto; ni los altos números de intentos de suicidio y violencia entre nuestres jóvenes, ni el gran número de inmigrantes en nuestras comunidades, ni el número impresionante de jóvenes TQLGB deambulando o en cárceles. ¿Dónde está la rabia?
Los comunicados de prensa que he visto han sido los más inefectivos, casi parecen pedir excusas por expresarse. “Estamos decepcionados”, dice la mayoría de los comunicados, como si a alguien le importara un pito que estén decepcionados. Hay varias razones para esta reacción, ninguna es buena y no se excluyen mutuamente:
- Las comunidades trans valen menos y no se quiere desperdiciar capital político en ellas.
- Hay demasiados profesionales liderando, que no creen en la rabia y el coraje porque lo ven indigno, de clase “baja”.
- Muchos de esos líderes no quieren perder acceso a Fortaleza y quieren que los inviten a reuniones.
- El asunto de clase, donde los profesionales han aprendido a sublimar la rabia y el coraje porque “eso” no los representa.
- El PNPPD está infiltrado y/o influyendo algunas organizaciones en sus decisiones y expresiones. [2]
- No hemos aprendido que al fascismo y al autoritarismo se les enfrenta cara a cara y se contesta todos los días, en todos los espacios a la vez, sin tregua.
- Piensan impulsar un candidato a la legislatura y prefieren mantenerse en silencio, calladitos, para verse más bonitos.
- No hay una estructura que reúna a todas las organizaciones de forma democrática y honesta para que haya una respuesta coherente, solidaria y firme ante el ataque neoliberal a nuestras comunidades.
No estoy descartando el trabajo que se está haciendo individualmente, o las organizaciones obligadas a dar servicios (aunque también es problemático su silencio); hay organizaciones comunitarias que trabajan contra el racismo, que trabajan con la violencia y que llenan las necesidades de comunidades específicas, organizaciones pequeñas que hacen lo suyo y contribuyen. Pero a nivel nacional, a nivel de, tal vez, coalición o algo similar, no hay nada que lidere y promueva o dé voz a la rabia y la indignación.
Dice mucho que cuando a jóvenes adolescentes les están negando servicios necesarios de salud e identificaciones de acuerdo a su identidad para que puedan vivir sin peligro y dignamente; cuando los esfuerzos de prevención de VIH empiezan a excluir a las comunidades trans, que la controversia número uno sea la de una candidata trans en Miss Universo. Miss Universo es un concurso PRIVADO que ya tiene la equidad en sus reglas. ¿Por qué no le meten mano al gobierno como se la han metido a detractores de esa institución privada? ¿Por qué la rabia para el asunto de Miss Universo y no para asuntos vitales de salud y discriminación en servicios médicos? No tengo nada contra los concursos de belleza en general, pero entre un concurso privado y el gobierno negando tratamiento de salud a miembros de nuestra comunidad, la prioridad me parece obvia.
Y antes de que me digan “es que Jenniffer no puede hacer nada”, contesto, eso es mentira, politiquería de la peor. Nueva York, California, Illinois, Massachusetts y hasta Oregon le han hecho frente al autoritarismo y defendido sus comunidades trans; PR hubiera podido hacer lo mismo si hubiera querido. No solo Jenniffer, sino las legislaturas, esas llenas de “servidores públicos” que se han hecho millonarios allí mismo.
De hecho, Jenniffer defendió las peleas de gallo de estatutos federales. Para Jenniffer los gallos de pelea son más importantes que las comunidades jóvenes trans. Eso se les debería recordar todos los días. Se la han hecho super fácil al PNPPD.
Para las comunidades trans y no binaries, “thoughts and prayers” de sus líderes activistas no son suficientes. Hacen falta más voces; democraticen los micrófonos. En ACT-UP, por ejemplo, tode miembre era portavoz. En la COA original, también; cada organización era portavoz. Nuestro compromiso era que la información la tuviéramos todes, asegurarnos de que cada cual, con la misma información todes, sin ningún asqueroso gatekeeper de la información, se expresara de acuerdo a su rabia, su sentimiento y su clase. La perspectiva de clase debe siempre informar nuestras expresiones. Tal vez por ahí podemos empezar a dejar que la rabia también se escuche y se sienta.
[1] A los 18 te puedes emborrachar en PR pero no obtener servicios de salud si eres trans.
[2] De hecho, la persona que pienso se identifica como asesor legal de la Federación, de apellido Valentín, ya antes sacrificó a las comunidades nuestras para proteger a Ricardo Rosselló y a Tata Charbonier, endosando y mintiendo sobre un proyecto que claramente afectaba a las comunidades trans y que claramente abría las puertas a la tortura de conversión en las iglesias. Más de la mitad del consejo asesor LGBT de Rosselló renunció de inmediato. No he visto que alguna vez se disculpara por esa traición.
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